La exposición fotográfica abierta de Baldomero Alejos en las calles de Huamanga

     

Con la feliz iniciativa y apoyo de la Dra. Sylvia D. Spitta  de la Universidad de Dartmouth de Nueva Hampshire, E.E.U.U. iniciamos un proyecto en el mes de Enero del 2019 para realizar una Exposición fotográfica abierta en la plaza mayor de Huamanga y las calles principales de esta bella ciudad. Se contó con la colaboración del Sr.  Alcalde de la Municipalidad de Huamanga y el Archivo Baldomero Alejos  para cristalizar esta novedodo proyecto.La muestra fotográfica se inauguró el dia 02 de Agosto del 2019.

Walter Alejos presentando la exposición en el acto inaugural(foto Julio Pantoja)

 El objetivo fue contribuir a rescatar y revalorar la memoria histórica de los Ayacuchanos y consolidar su identidad regional poniendo en valor  50 años de historia desde 1924 hasta 1976, periodo que trabajó Baldomero Alejos en Ayacucho y captó en 60,000 imágenes la sociedad, las costumbres, tradiciones y su desarrollo, hasta  antes de 1980 año en que se inició la violencia armada en el Perú y que nos llevó a una lucha incomprensible que deterioró nuestra sociedad, su desarrollo y su economía. Esta exposición consistía en presentar 90 imágenes del archivo fotográfico  Alejos en las paredes de esta ciudad, en las casonas donde sucedieron los hechos históricos y en gigantografías de tamaños  adecuados que permitan el acercamiento de las personas a las fotos, un contacto para recordar, identificarse y sentir esa preciosa interconexión con el pasado del cual ellos mismos  fueron los forjadores de esas historias.

Ese objetivo central de hacerlo en forma libre en las calles de Huamanga y no en un ambiente cerrado o académico,era permitir que todas las personas sin distinción alguna, que circularan por las calles se detengan un instante para apreciar su historia, sin las limitaciones  ni protocolos de una exposición cerrada

Presentación las autoridades de Huamanga (foto Oscar Medrano)
Visita guiada (foto Oscar Medrano)

Con las 90 fotografías debidamente seleccionadas se logró conseguir que todos los ciudadanos se identificaran con cada una de las imágenes, con sus recuerdos y vivencias. Muchas personas se llenaron de emoción, derramaron lágrimas al ver a  familiares y amigos y no dejaron de tomarse una fotografía como recuerdo al lado de las gigantografías de las fotos  de BALDOMERO. No sólo las personas mayores estaban emocionadas sino también los jóvenes, estudiantes y visitantes  a Huamanga que no conocían la historia de cómo fue  nuestra sociedad en el siglo pasado y muchos se sintieron orgullosos de ser Ayacuchanos y reconocer a Baldomero Alejos como su hijo predilecto agradeciendo  a los promotores de esta exhibición  por todo el esfuerzo realizado en su presentación. Fue creo un hecho histórico sin precedentes en Huamanga.

Colocar las fotografías en las paredes de la Plaza Mayor de Huamanga y calles fue un trabajo bastante difícil. Primero, porque las personas circulaban por la calle dificultando el «colgado» de las gigantografías, por cuanto se requerían colocar escaleras para subirlas. Y en segundo lugar por lo complicado de colocar los clavos de cemento o pernos, debido a que son paredes de piedra y no se podián taladrar ni romper por ser patrimonio cultural de la nación. Sin embargo con un poco de tino y paciencia se consiguió el propósito.

Colocando las gigantografías (foto Julio Pantoja)
Ayacucho, Perú. Agosto 1-2-3/2019. Exposición de Baldomero Alejos (foto:Julio Pantoja)

Inicialmente consideramos que algunas  personas  dañarían las fotos, pero no fue así el pueblo estaba seguro que ese patrimonio les pertenecía, era su historia y que deberían cuidarla y protegerla como propio de toda mano extraña. Gracias a Dios se dañaron  y se perdieron sólo un 5%  y el resto se conservó casi intacto. Los ayacuchanos consideraban que el archivo era suyo, su  historia y su gran aporte a la cultura nacional y mundial. La muestra se exhibió por tres meses, pero aún han quedado muchas fotografías en algunas casonas de esta ciudad.

Ayacuchanos recordando su historia(Foto Vera Lentz)
Tomándose una foto para el recuerdo (Foto Vera Lentz)
Apreciando la belleza de la Huamanguina (foto: Vera Lentz)

La presencia de afamados fotógrafos extranjeros y peruanos como Julio Pantoja de Argentina, Vera Lentz y Oscar Medrano de Perú, quienes nos acompañaron y  captaron los momentos más expresivos de esta exposición, nos corroboran con sus fotos todo lo acontecido. El objetivo central se cumplió y creemos que se recordará este evento por muchos años. 

Por: Walter Alejos Calderón

Mama Rita, una gran mujer emprendedora

María Julia Calderón Najarro, a quien su familia, amigos y los ayacuchanos la conocían como RITA, fue esposa del maestro fotógrafo Baldomero Alejos Bautista. Dama nacida en Huamanga, fue hija de Don Severino Calderón Alarcón, artista extraordinario, músico imprescindible en las fiestas religiosas de la Iglesia Católica y adornista de las andas de las procesiones de Semana Santa. Su madre fue doña Francisca Najarro, mujer huamanguina cuyos padres se dedicaban al comercio.  Su niñez no fue la más afortunada.  Debido a problemas familiares de su madre, por consejo de familia se recomendó y determinó que viviera con su padre, su abuela Feliciana y sus tías Rufina, Alejandra y Mercedes, quienes le brindaron amor y protección a Rita.

María Julia Calderón Najarro, Mama Rita

A pesar de la adversidad, la vida de Rita se caracterizó por ser muy activa, y su vida espiritual también. El numeroso entorno que la rodeaba contribuyó a su desarrollo multifacético. Siendo aún una púber destacó en todo lo que se proponía hacer en muchos aspectos de la vida. Fue así que el saludable ambiente familiar y la sociedad de entonces, apacible y tranquila, facilitó el que estudiara en la Escuela Pre Vocacional Centro Viejo, llamado después Nro. 612 ubicada en la primera cuadra del Jr. Callao, dirigida por la profesora Emilia Paz Vergara, donde aprendió a leer y escribir, así como hacer deporte y destacar en el vóleibol, llegando a pertenecer a la selección de su plantel participando en todas las competencias en Ayacucho.

Fue precisamente en esas circunstancias que  el señor entrenador del equipo, profesor Octavio Alcázar, más conocido como “Chevelo” le presenta providencialmente a Rita, a su amigo Baldomero, y desde entonces entrelazan una admirable y gentil amistad que con los años terminaría en matrimonio.

La abuela de Rita, doña Damiana Alarcón, era una experta en panificación. Desarrollaba sus labores en la Casona Horno Cabrera del Jr. Bellido Nro. 402, de propiedad de la familia Romero, donde Rita y sus tías iban ayudarla en la preparación de los distintos productos, de modo que, desde niña, Rita había aprendido a elaborar panes y dulces siguiendo las recetas de sus experimentadas guías y maestras que acompañaban a Damiana.  Más adelante, se casa con  Baldomero Alejos y adquirieren juntos la Casa Horno. Para ella tener su propio horno, significó hacer sus sueños realidad, y además, tener la oportunidad de poner en práctica su talento en la panificación.

En esa Casa Horno, tanto ella como su esposo Baldomero, se sumergían por separado en sus actividades. Rita, conocida por sus exquisiteces, llegó a ser considerada una verdadera maestra de la panificación en Ayacucho.  Su destreza, la calidad de sus insumos y sobre todo el sabor y suavidad de sus panes, bizcochos y pastelillos, hicieron de sus dulces y panes, productos inigualables pese a que ella compartió todos sus secretos con sus discípulas que trabajaron con ella en el horno.

Rita se especializó en la elaboración de Wawas, pastelillos y panes de diversa textura, forma y sabor. Preparaba además del clásico “chapla”, panecillos de yema que eran especiales para fiestas y el “Jasi”, que era el pan de salvado y germen de trigo, preparado del “afrecho” que resultaba de cernir la harina.  Este pan, por tener insumos más económicos, era consumido básicamente por los campesinos de pocos recursos.

Ella, cuidaba mucho el proceso de elaboración de su producto final y disciplinadamente, se involucraba en él de comienzo a fin, supervisando cada etapa de producción.

Panes saliendo del horno

Lo primero que Mama Rita hacía, era preparar su propia harina.  Enfatizaba que esa era la base fundamental para preparar ricos panes y dulces. Ella compraba el trigo por “fanegas”-que eran aproximadamente 43 kg por costal- de los mismos campesinos que traían sus productos desde el campo, y hacía una mezcla del trigo “Pusa” -que era de color gris y le daba consistencia a la masa- con otro llamado “Común” o “amarillo” que era  pequeño y más delgado de color plomizo y, un  tercer trigo llamado “Perla” que tenía un color ligeramente rosado; algunas veces utilizaba el trigo “Aurora” y “Florencia” en reemplazo de este último.  Rita manifestaba que con esta mezcla el pan salía más agradable por cuanto uno le daba un excelente sabor y los otros, consistencia y volumen.

Horno de leña

La mezcla de los  trigos luego pasaba por un proceso sencillo de selección, orientado a quitar las impurezas que casi siempre lo contaminaban.  Para tal fin, nos reunía a los hijos y adultos de la casa para “escoger el trigo”. Nos sentaba alrededor de una mesa y en el centro colocaba los montones de trigo a limpiar. Con las manos los íbamos escogiendo, atrayendo hacia nosotros los granos y quitando a un lado la paja, piedrecitas y semillas. El trigo limpio lo dejábamos caer al piso, donde se hallaba extendido un mantel grande donde se iba acumulando. Terminada la selección se devolvía a los costales y se cosían herméticamente para llevarlos a unos de los molinos de Huatatas.  Esa zona era un valle donde había muchos molinos de piedra como el de Chaka, molino del señor Benigno Medina, el Molino Wayra de la familia Huamán, El molino  Santiago, etc. Los sacos de trigo se almacenaban en un ambiente hasta el momento de la molienda. Rita iba personalmente al molino para supervisar la molienda de estos, lo hacía a pie acompañando a las acémilas que cargaban los sacos de trigo.

La calidad de sus panes Chapla, dulces y sus famosas Wawas se debía básicamente a la calidad de la  harina que preparaba.  El color de la harina preparada por Rita no era blanca, como aquellas harinas procesadas que se utilizan en la panificación de los panes hoy en día, llamada harina del norte, sino tenía un color ligeramente gris-amarillento y su textura no era  tan fina como la harina actual, por cuanto contenía el germen del trigo, componente de gran valor alimenticio que la harina blanca que se comercializa hoy, ya no la tiene debido a que los fabricantes la extraen para venderlo por separado y a un alto precio.

Por otro lado, el hecho que la harina que preparaba Rita no era pulverizada tan finamente como la comercial de hoy, sino que contenía granos más grandes, le daba otra consistencia a su masa. Estas son las principales  razones  por la que las actuales chaplas, dulces y Wawas  ya no tienen el sabor original ni la consistencia de los preparados por Rita.

Wawas de Mama Rita

Otro hecho muy singular es, que la preparación que hacía Mama Rita, era personalizada, sin recetario.  Si bien es cierto se puede  hablar de los ingredientes y el peso de cada uno por cierta cantidad de harina, en la práctica ella medía al cálculo y probaba con su paladar cada paso de la mezcla. Así con toda autoridad ella podía decir agreguen éste u otro ingrediente o hacer algunas variaciones para que esté más delicioso.  Probando el sabor de la mezcla le daba el “toque exacto” que necesitaba la masa.  Este era un detalle que hace una gran diferencia de Rita con sus sucesoras en la preparación de sus deliciosas Wawas, dulces y panes chapla. Ella le daba su toque personal y artístico que era imposible imitar.  Muchas de sus alumnas o asistentes hoy producen todos estos manjares, pero ninguna de ellas ha logrado alcanzar la calidad y exquisitez conseguida por Mama Rita.

Otro factor a tener en cuenta es que su elaboración se hacía en horno a leña que le da un valor agregado al sabor por las mismas esencias que expide la leña y se impregnan en todos los preparados. Hoy muchos hornos son a petróleo o electricidad y definitivamente el sabor es diferente.  Su secreto se fue perdiendo en el tiempo y al final de su vida se fue con ella.

Tal fue la fama de Rita que ningún viajero o visitante a Huamanga, podría regresar a su lugar de origen, si no pasaba por el horno o la tienda de mama Rita a comprar sus deliciosos manjares. En la fiesta de Todos los Santos compraban los bizcochos en forma de “Wawas” -que significa bebé en quechua-  o en forma de “Caballos” para regalar a los compadres o comadres. Esta fama trascendió fronteras, tal es así que el mismo señor presidente de la República, Don Fernando Belaunde Terry, mandaba solicitar una “Wawa” y “un caballo”. El tamaño era de una altura de 80 cm  aproximadamente cada una. Para ello el señor Prefecto de Ayacucho  hacía el contrato con Rita para atender el pedido y regresaba al día siguiente a las 6 am. para recoger el pedido, que adecuadamente empaquetado, era directamente llevado al aeropuerto de Ayacucho y entregado al piloto del avión comercial que había aterrizado a fin de que lo transportara a Lima.  En el aeropuerto de Lima esperaba un encargado de Palacio de Gobierno para llevarlo directamente a la mesa del señor presidente, quien podía tomar así un agradable desayuno con las “Wawas” de Mama Rita.

Lo mismo ocurría con sus dulces de Semana Santa. Rita preparaba las ricas rosquitas, bizcochuelos, pan de yema, maicillos, cocada de almendras, trujillanos, suspiros, el Oquendo de manteca; todas verdaderas delicias para el paladar que ofrecía al público en su tienda situada en los exteriores de la misma Casa horno del jirón Bellido. Los clientes tenían que forzosamente visitarla porque ella no los ofrecía en el mercado o en la calle.

Creo que es digno reconocer y valorar el trabajo y el aporte de esta pareja de emprendedores  Baldomero y Rita a Huamanga.  Ambos han dejado un gran legado que se perennizará en el tiempo: Baldomero en la Fotografía con 50 años de historia y María Julia en el campo gastronómico de la panificación.  HONOR Y GLORIA A AMBOS.   

Baldomero Alejos, uno de los predecesores del Retoque Digital

Cuando hablamos de fotografía y retratos, el retoque fotográfico se vuelve imprescindible y necesario.   Las personas desean  salir bien en una fotografía; tanto damas y varones  a través del tiempo, se han preocupado por lucir un rostro agradable, una tez suave y sin imperfecciones, un cabello bien arreglado, disimular la papada y mostrar ojos relucientes.

Este deseo innato de los seres humanos se puede corregir.  Actualmente, existen técnicas como el Photoshop, en sus diferentes versiones y que han sido mejoradas permanentemente, que permite al que sabe utilizarlo, efectuar todo este trabajo utilizando una computadora, un mouse, el teclado y el Software. Este programa tiene tantas herramientas que fácilmente se puede retocar un rostro o los fondos, vestimenta etc. en una  fotografía.

Hoy en día todos los celulares modernos de pantalla tienen herramientas o aplicativos que le permiten el retoque automático, debido a que están programados de  manera tal que el usuario puede elegir el efecto en el rostro que desea tener, suavizar  la arrugas y muchos otros cambios, con solo presionar en la pantalla. No se necesita tener amplios conocimientos de fotografía para hacerlo y hasta los niños lo pueden hacer si mayores problemas.

 ¿Cómo se retocaba antes de la creación de softwares como Photoshop?

Baldomero Alejos Bautista considerado como uno de los cuatro grandes fotógrafos peruanos, fue un verdadero artista que dominaba a la perfección el retoque fotográfico en las fotos en blanco y negro. Esta era su técnica:

Tomaba el negativo en Blanco y negro, le colocaba una gota de Matolina, y lo dispersaba suavemente sobre la parte opaca del negativo y esperaba que seque. A continuación, utilizaba un lápiz Stadtler de grado 1,2,3 de acuerdo con la densidad del negativo.  Con una punta muy  aguzada y fina  empezaba a pasar por cada imperfección en el rostro de la persona, con una suavidad y pulso extraordinario, consiguiendo suavizar una  arruga, o quitar manchas exactamente con el mismo tono de la tez de la persona, de manera que conseguía un cutis terso y atractivo.  Podía corregir o perfilar una nariz o cambiar de tono el iris de los ojos y también reducir un poco las “papadas” en las damas o en los caballeros subiditos de peso.

Baldomero  explicaba, cuando me enseñaba el retoque, que existían limitaciones en el grado de retoque que se hacía en un rostro. Por ejemplo, no se debería reducir totalmente las arrugas en una persona mayor o  las “patas de gallo” cerca a los ojos, porque la fisonomía de una persona va cambiando con los años y quitar todas las arrugas de una persona de 50 años, sería como tener a una persona de  20 o 25 años, con la expresión en su rostro no coincidente con su fisonomía actual. Entonces se podía suavizar bastante, pero sin deformarla ni alterarla en su naturaleza.  Aquí un ejemplo del grado de retoque en sus fotografías.

Igualmente, Baldomero enseñaba que no se puede reducir la “papada” totalmente porque la persona aparentaría  tener “bocio” que es una inflamación  en el cuello debajo del rostro. Solo había que trabajar en suavizar las sombras y adelgazar un poco el cuello. También con un  trabajo fino, cabello por cabello se podría eliminar puntas o pelo suelto, arreglar los bigotes en los caballeros, pero no agregar cabellera ni hacer más  densa la barba.

Indudablemente el maestro Alejos tenía muchísima paciencia, pero sobre todo un arte genuino. Su labor era embellecer a las personas, de allí su fama de gran retratista. Sólo con un lápiz podía lograr este prodigio, tal es así, que el diario de mayor circulación en el Perú, El Comercio, en su primera plana del 1ro de abril del 2006, a raíz de la exposición en la Universidad de Harvard y en París, publicó una de sus espectaculares fotografías con el título  ALEJOS: EL PRECURSOR DEL RETOQUE DIGITAL.

El arte del retoque profesional, Baldomero Alejos lo aprendió de su maestro, el gran fotógrafo Don Diego Goyzueta, entre 1920 a 1922, cuando trabajaba para él en su Estudio fotográfico en Lima.

Entrevista a Armando Kajatt Majluf (Video)

Una nueva entrevista a una de las personas retratadas por Baldomero Alejos

Una reseña sobre Baldomero Alejos

En la pasada exposición de fotografías en Castelldefels, una de las ponencias nos inspiró mucho. Aquí os lo compartimos.

 

INAUGURACIÓ EXPOSICIÓ BALDOMERO ALEJOS

Biblioteca Ramón Fernández Jurado (Castelldefels), 3 de febrer de 2017

Por: Francesc Montserrat

 

Distinguidas autoridades, responsables del Archivo Fotográfico Baldomero Alejos, señoras y señores:

Casa Amèrica Catalunya inauguró la exposición La calma antes de la tormenta el 12 de febrero de 2013, hace casi cuatro años justos. Permaneció colgada en las paredes de nuestra sede más de cuatro meses, hasta el 28 de junio. Les aseguro que es una de las exposiciones que, personalmente, más he visitado, que más “kilómetros” me ha hecho recorrer por las dependencias y pasillos de la Casa. Entenderán mejor lo que deseo transmitirles cuando empiecen a conocerla o, mejor, a gozarla.

Uno de los sinónimos que utilizamos con mayor frecuencia para evitar la repetición de la palabra “fotografía” es “instantánea”, concepto que, apelando a su complicidad, me atrevo a calificar de “imposible” si se pretende relacionarlo con el trabajo de Baldomero Alejos, donde todo requiere tiempo. Más aún, el tiempo, aparentemente detenido en sus fotografías, encuentra la forma de deslizarse hacia el exterior para trasladarnos hacia amplios contextos de Historia y de historias. Y esa sensación se repite en cada una de sus fotografías. Ninguna de ellas pasa desapercibida. Todas retan y atrapan nuestra mirada. De ahí mis “kilómetros “por Casa Amèrica Catalunya, porque no hubo día en que dejara de sumergirme en alguno de los bloques en que distribuimos la exposición.

Tras lo dicho, ya habrán adivinado que las de Baldomero Alejos no son simples fotografías en blanco y negro. Trabajó de forma incansable en su oficina –de día y de noche– ajeno a la trascendencia que un día lograría su obra. Obra que conforma un ejercicio de recuperación de memoria histórica que, construido desde el ámbito comercial en origen y artístico en destino, se hace político en su desarrollo. Es a través de los ayacuchanos y ayacuchanas que durante medio siglo estuvieron retratándose en el estudio de Baldomero Alejos que percibimos con claridad como un mundo que parecía inmutable empieza ya a resquebrajarse.

Baldomero Alejos hará sus últimas fotografías cuatro años antes de la eclosión de la violencia generada por Sendero Luminoso. Los últimos encargos de su estudio serán –en su mayoría– fotografías para documentos. Entre las miles de fotos carnet que quedaron en su oficina, figura una especialmente interesante: muestra al profesor Abimael Guzmán. Muy probablemente, fue encargada para su pasaporte a mediados de los sesenta: Guzmán viajaría a China a estudiar en la escuela de Nan Kin. Años más tarde se convertiría en el líder de Sendero Luminoso.

Tal y como escribió Santiago Roncagliolo a propósito de la exposición: “Las personas que aparecen en estas fotos van a morir. O a matar. El fotógrafo no lo sabe, pero retrata un mundo a punto de incendiarse”.

Termino con una frase que quizás sea la que sería de mayor agrado para el artesano que hoy homenajeamos: En el archivo de Baldomero Alejos todos tienen derecho a una foto.

Moltes gràcies, muchas gracias.

 

 

Artículo sobre Baldomero Alejos – Diario El Peruano (Suplemento Variedades) – Perú

http://www.elperuano.pe/suplementosflipping/variedades/493/index.html

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Artículo sobre Baldomero Alejos - Diario La República - Perú

Artículo en el Diario La República, sobre los últimos trabajos realizados para poder promover el archivo fotográfico.

Artículo sobre Baldomero Alejos – Diario La República – Perú